Su excepcional interpretación de un padre de familia que, tras enviudar, busca al amante de su esposa acompañado de sus dos hijas en "Los Descendientes", lo ha llevado a ser el gran favorito para hacerse con el Oscar al Mejor Actor el próximo 26 de febrero, pero George Clooney (50) no tiene nada que ver con ese personaje en la vida real.

"No me preocupo por si lo que estoy representando refleja en cierta medida mi vida personal o no", explicó el afamado actor ante los medios. "Sé perfectamente que uno no tiene que inyectarse heroína para interpretar a un drogadicto", añadió. Y es que Clooney ha reconocido en más de una ocasión que escoge ese tipo de papeles precisamente para no encasillarse.

Además, a pesar de que le persigue el éxito allá por donde va y participa de buena gana en la carrera por los premios, el intérprete parece más interesado en aprovechar al máximo el poder que le da ser uno de los actores más taquilleros y respetados de la industria, pues los galardones han pasado a ser algo secundario para un hombre que en medio siglo de vida lo ha conseguido absolutamente todo.

"Siento que no tengo que demostrar nada. Ya he superado esa etapa", aseguró al respecto el intérprete, ganador del Oscar al Mejor Actor Secundario en 2005 por su actuación en "Syriana". "Ahora puedo darme el gusto de explorar otros territorios, y si me sale mal, pues no pasa nada", agregó. No en vano, el protagonista de la última película de Alexander Payne (50) no sólo acepta desafíos como actor, sino que brilla cada vez más como guionista y director, como ha vuelto a demostrar en "Los idus de marzo".

Pero si algo llena de orgullo a Clooney es la constante lucha que ha hecho por los más desfavorecidos, lo que termina engrandeciéndolo como cineasta y, lo que es más importante, como persona. "De lo que estoy más orgulloso es de haber podido emplear toda la atención que el mundo me presta para que la gente se entere de lo que está pasando en otras partes del mundo", declaró.